“Ser enólogo en Mendoza es diferente… es un poco un sueño”

“Ser enólogo en Mendoza es diferente… es un poco un sueño”

Con más de 40 años en el tema, es el enólogo y además socio fundador de la cooperativa Sierra Pintada (San Rafael).

¿Cómo es su historia con la enología?

Estuve en la bodega Giol desde el ‘75 y cuando la privatizaron generamos la cooperativa Sierra Pintada, en el ‘88. Muchos huyeron despavoridos pero 20 “inconscientes” nos animamos. Siempre me preguntan si nos sacamos fotos: Nada, ¡imagináte la fe que nos teníamos! Hoy ya llevamos la elaboración número 30 y tenemos alrededor de 300 socios.

¿Cómo resume el trabajo del enólogo?

Depende de cada persona y cómo lo tome. Hay algunos que cumplen su función, hacen el vino y listo. Para mí es algo integral, yo me hago cargo de lo que me corresponde y más. El enólogo tiene la función de manejarse con los viñedos, con los ingresos de uvas, el proceso, la venta… a mí me gusta todo.

¿Y el ser enólogo en una cooperativa?

Tiene un poco de carga y un poco de pasión. Una cooperativa es muy importante para tomarla a la ligera porque no solo los socios viven de esto: los elaboradores, los empleados, hay muchísima gente.

Si el vino no sale “bien bien bien”, haciendo una diferencia, no se vende como se debe y los números no cierran. La elaboración hace la diferencia. Es importante que el enólogo también se preocupe por los números.

En todos estos años, ¿qué evolución nota ?

La vitivinicultura ha ido evolucionando a variedades más puras y tenemos cada vez un mayor porcentaje de tintos A. Además de trabajar con dos enólogas más jóvenes, estamos con dos ingenieros agrónomos avanzando en ese sentido, si no el productor no se va a poder sostener.

¿Hay algo especial de ser enólogo en Mendoza?

A nosotros como mendocinos nos identifica la vitivinicultura. Ser enólogo en Mendoza yo creo que es diferente, para mí es un poco un sueño. Cuando estaba en la escuela decía “Ojalá que algún día pueda estar frente a una bodega”.

Así como “Cacho”, cientos de enólogos mendocinos trabajan día a día para convertir la vid en el vino que enorgullece a esta tierra y permite que la producción siga adelante.

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