El 2015 estuvo marcado por un otoño con temperaturas altas

El 2015 estuvo marcado por un otoño con temperaturas altas

La vid y el olivo no escapan a este panorama. Así lo señalaron desde el Inta y productores locales de fruta de carozo. Preocupa una posible floración temprana.

Este fenómeno que se está observando preocupa al sector del agro mendocino, ya que la cantidad de horas frío que necesitan las plantas no estarían siendo las adecuadas para un desarrollo acorde de las bayas.

Según pudo destacar el gerente de la Asociación de Productores y Exportadores de Frutas Frescas de Mendoza (Aspeff), Raúl Aruani, las horas de frío que reciben las plantas durante la época de invierno son fundamentales para que la producción no se vea afectada.

Apuntó que cada especie necesita de una cantidad de horas para un despertar lógico y deseable. En relación a cuáles son los cultivos más afectados, Aruani señaló que se trata de todos aquellos de hojas caducas -que pierden las hojas en invierno-. Entre ellas, se destacan las frutas de carozo, como la ciruela, durazno, cereza, el nogal, manzano, así como también la vid y el olivo.

En estos últimos dos casos, las horas de frío varían entre 600 para la primera de ellas y entre 200 y 400 horas para el segundo. No así la cereza, ciruela o el durazno que requieren entre 1.000 y 1.800 horas de frío.

Por su parte, Alberto Carleti, quien integra la Comisión Cerezas de Mendoza (CCM), describió que hasta el momento el sector se muestra en alerta ya que el frío se está haciendo esperar y de prolongarse las altas temperaturas el problema podría ser serio para esta fruta.

“Lo que sucede es que bajo este fenómeno se acortan las horas de frío que precisa el cultivo para lograr una producción eficiente y las circunstancias hasta el momento no son las normales para el ciclo del cerezo”, remarcó Carleti.

A lo que agregó que este cultivo que no acumula esas horas sufre dos efectos: uno de ellos es que entra en floración anticipadamente y el cultivo se expone al riesgo de heladas. Y el segundo es que la planta no acumula las reservas necesarias en invierno que luego necesita en la época de cuaje y brotación para una producción normal.

Para Carleti, el caso de la variedad de cereza Bing -la cual predomina en Mendoza- precisa entre 1.000 y 1.400 horas, cuando suma 700 horas es un mal año, con 900 a 1.000 horas el cultivo anda bastante bien. Por lo que el empresario indicó que lo que debería suceder es que en los próximos 45 días (15 días de junio y todo julio) las temperaturas sean menores a los 7º para así lograr esa dosis de las que menciona.

En el caso de los demás cultivos, Raúl Aruani advirtió, al igual que Carleti, que al no acumularse las horas normales es de presumir desórdenes fisiológicos en el despertar primaveral. De este modo, agregó a los comentarios de su colega que esto puede provocar una floración y brotación despareja en el árbol.

“La parte inferior evoluciona más rápido que la superior y esto trae aparejado diferencia de desarrollo de fruta que luego puede afectar a la calidad y cantidad, ya que la fruta no madura del mismo modo y nos vamos a encontrar en la época de cosecha con frutas pequeñas y otras grandes”, acentuó el gerente de Aspeff.

El Ing. Agr. Antonio Weibel, investigador de la EEA Junín INTA, sumó a los comentarios que los frutales de almendros, ciruelo y durazno para industria del Este y Norte de Mendoza serán los más perjudicados, no así los cultivos que se ubican en Valle de Uco, los cuales no están tan limitados al frío y pueden llegar a obtener los niveles normales que necesitan.

Sin embargo, dijo que esto último es lo menos grave, ya que el problema mayor para el ingeniero agrónomo es que si la deficiencia de horas frío es muy marcada, se puede ver seriamente afectada la producción; “si florece mal o se altera la fertilidad de esa flor, por lo que no hay cuaje, no hay fruta o la misma se cae”.

No obstante, Aruani se mostró optimista, y subrayó que si la naturaleza es sabia y las temperaturas son más benévolas, es posible que se acomoden las plantas para tener una temporada óptima, ya que de registrarse fríos sostenidos el inicio vegetativo se acomodaría.

Desde el sector del durazno, frutal que necesita entre 1.000 y 1.200 horas frío para ser eficiente, Carlos Quinteros, de la Asociación de Productores de durazno de Mendoza, concordó con la explicación y preocupación de sus colegas ya que las temperaturas menores a 7° grados en los 90 días de invierno no se están dando, modificando la fisiología vegetal de esta planta.

Laura Saieg – Los Andes

 

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